2017. En velero por el Dodecaneso

Junio de 2017: Cinco años después del viaje que me llevó de Valencia al Dodecaseso, en un velero, vuelvo a esas aguas para cruzar este archipiélago. Os dejaré algunas impresiones y poemas para compartir el viaje con vosotros.

Navegaremos desde Kos a Samos remontando el norte del Dodecaneso, una zona del Egeo griego cuajada de pequeñas islas que rompen con sus perfiles el horizonte azul que contemplas desde el barco. ¡Ojalá los vientos y los mares nos sean propicios!

El primer poema no es mío, es del libro Archipiélagos de Carlos Clementson.



Esta luz prodigiosa y este austero silencio…
Esta dura caricia del sol sobre las rocas,
y la espuma inocente, y el azul, sí, tan puro
como cuando las aguas no sabían aún su nombre




5 de junio: Hemos conseguido llegar a Kos desde Barcelona con nuestras bolsas, a pesar del poco tiempo de transbordo en Atenas. El Egeo, el Zéfiro y la hospitalidad de Peppe y Tiziana nos esperaban. Embarcamos el equipaje y salimos a dar una vuelta por la turística capital de Kos, donde cenamos muy bien en una taberna turco - griega.


En la añoranza
se refugian los sueños 
que nunca fueron. 
En la esperanza 
anidan ilusiones, 
nuevos fervores.



6 de junio: Por la mañana, con el telón de fondo de la costa turca, zarpamos hacia Psérimos. Primer baño en aguas griegas en una cala desierta con tamarisco incluido. Eolo nos regala un ligero viento de través hasta el sur de Kalimnos desde donde remontamos por su costa oeste a motor hasta Telendos, una pequeña isla, con tres tabernas y unas cuantas más playas, en la que viven unas decenas de personas. Unos cientos de metros, y mucha más tranquilidad, la separan de su isla madre Kalimnos.


Vuelve el azul
salpicado de islas,
es el Egeo.
Eolo rige
el rumbo de la nave
creando viento.
Los navegantes
vamos a izar las velas
con nuestro anhelo.


Una cala en el sur de Psérimos
La mayor del Zéfiro, rumbo a Kalimnos

Telendos 


7 de junio: Zarpamos hacia el norte bordeando Kalimnos. Luego cruzamos el estrecho canal, seguimos por la costa de oeste de Leros y divisamos la bahía de Lakí, el puerto natural mayor del Mediterráneo después de Malta y Mahón. Costas conocidas de otros viajes pero que siempre descubren algo nuevo o el placer de repetir lo ya vivido.


Una barca de pesca en Telendos,
al fondo Kalimnos 

En el norte de Leros el viento cae y cuatro delfines vienen a saludarnos poco antes de fondear para bañarnos en Arjángelos, una pequeña isla deshabitada que no conocía porque hay tantas en estos mares que conocerlas todas "no será por islas, será por años". 

Velas sin viento,
delfines por la proa,
llanos de azul.


Unos delfines entre Leros y Arkángelos

Luego, vuelve a subir el viento y continuamos navegando de ceñida hasta Skala, el puerto de Patmos. El monasterio y la antigua Jora presiden la bahía y nos esperan. Recuerdo mis dos anteriores visitas a la isla, la última en una escala de mi viaje de hace cinco años en velero desde España.

Ya que cito a su Jora, indico que se denominan así (aunque lo veáis escrito como Chora o Hora) a las antiguas capitales de las islas, pueblos de blancas e intrincadas calles que suelen coronar una colina. Escribí este poema en mi primera visita a Patmos hace 10 años.



De entre todas las Joras que conozco
Patmos destaca por cuidada y señorial. 
Hay que son más agrestes como Sérifos, 
otras más pura Grecia como Síkinos, 
en Mýkonos encuentras marcha a tope, 
Folégandros desborda por su vida, 
Anafi es un balcón sobre el Egeo, 
la de Kiznos atrapa por tamaño, 
Lefkes siempre será mi consentida 
y mi Amorgós me roba el corazón. 
No me hagáis escoger, porque prefiero 
tener todas mis Joras disponibles. 



8 de junio: Por la mañana visitamos el monasterio de San Juan Evangelista en la cumbre de la colina y rodeado por la Jora. Es una delicia dejarse perder por esos rincones en donde siempre descubres capillas (creo que hay más de 30) y antiguas casas de mercaderes, recuerdo de otra época en que este pueblo al amparo del monasterio fue el más próspero de la zona.




Jora de Patmos,
laberinto de calles
sin Minotauro. 


Por la tarde dejamos el puerto para ir a fondear a Geranú, una solitaria cala del norte de Patmos donde nos bañamos, cenamos y dormimos. Parece mentira tanta paz a tan pocos kilómetros de Skala y la Jora con la luna y todo el mar para nosotros solos.


Geranú de noche

Geranú de día


9 de junio: Tras el desayuno y el baño matinal, tomamos rumbo a Maratzos, una pequeñísima isla en la que sólo hay tres tabernas y unas pocas domatias (habitaciones de alquiler). La isla queda desierta fuera de la temporada turística y ahora casi lo está, sólo fondean otros tres barcos y las domatias están vacías.



La playa y el embarcadero de Maratzos

Después de bañarnos, disfrutar del lugar y tomarnos una Joriatikí (ensalada griega) y un Katziki (cabra guisada con patatas), como únicos clientes de la taberna, volvemos a levantar anclas hacia la próxima isla, Arkí. Dos millas de navegación hacia el seguro puerto natural que los romanos llamaron Augusto.

Otra vez en puerto Augusto.
Muelle para siete barcos,
tres tabernas en la plaza,
y un súper que está cerrado
(en este inicio de junio
hay escasos parroquianos).
Arkí sigue siendo Arkí,
poco cambio en once años.


El puerto de Arkí

Arkí sigue siendo Arkí, menos de medio centenar de habitantes desperdigados en unas cuantas casas, su puerto, sus tabernas junto al mar, las aguas de Tiganikia y una paz que ni se compra ni se vende, hay que vivirla.


10 de junio: Zarpamos del puerto de Arkí y tras un baño en las maravillosas aguas de Tiganakia, donde el mar se convierte en una piscina verde azulada, ponemos rumbo a Lipsi


Tiganikia, una piscina verde azulada de mar

Al pasar frente al "monodendro" (único árbol), un solitario árbol que resiste en una pequeña península rocosa junto al mar, recuerdo el poema que le dediqué en mi primer viaje a la isla hace ya once años.


Un árbol solitario
le da nombre a esta playa, Monodendro ,
plantado en la península rocosa
que se adentra en el mar. 
Enfrente la isla mínima Aspronissi, 
alrededor el horizonte azul 
y de seguir buscando
encontraría a Odiseo que ha vuelto con Calipso. 

He plantado sombrilla sobre el agua 
—apoyada en las rocas— 
y os estoy escribiendo con los pies en remojo 
y el murmullo del mar por compañía. 
Hoy no sopla el Meltemi, hoy descansa, 
anoche fue de fiesta, se cantó, se bailó, 
y se bebió ese vino del que presume Lipsi, 
por eso el viento debe estar durmiendo.

Mejor, así la mar es un espejo
de todos los azules infinitos
que nunca dejaría de glosar;
pero hoy prefiero concentrarme
en la visión del árbol solitario
que da nombre a esta playa,
impertérrito árbol que resiste
la furia del Meltemi, los calores
y la ausencia de lluvia del verano.

Dice la leyenda que el secuestro gozoso de Ulises por la ninfa Calipso ocurrió en Lipsi. El "meltemi" es el fuerte viento del norte que suele soplar en verano en estas islas. Esta zona fue italiana durante el periodo entre las guerras mundiales y el Papa oficiaba con vino de Lipsí regalado por Musolini.


El monodendro en la costa este de Lipsi
Acabamos la singladura con un baño y comida en Kulura, una cala solitaria del sur de Lipsi, luego dirigimos el rumbo al cercano puerto de la isla.


Kulura, un fondeo para nosotros solos


11 de junio: Lipsi sigue conservando su encanto y buen pescado como el que cenamos anoche. Una pequeña jora, un buen puerto, y todo aquello que nuestro pueblos costeros tuvieron pero perdieron hace años.


La jora de Lipsi y su puerto bahía

Por la mañana, decidimos regresar a Maratzos para dormir en su bahía. Nos dejó tan buen sabor de boca que queremos repetir isla. Volvemos a fondear y nuestro capitán borda la maniobra haciéndolo en un muerto a vela sin poner en marcha el motor. Luego baño y a degustar el sabroso "katsiki".

Por la tarde recorremos la isla a pié y visitamos el pequeño pueblo abandonado, donde llegaron a vivir 60 personas, y su capilla. Es un gran contraste ver lo humildes que eran aquellas casas, y lo poco que queda ahora de ellas, con lo limpia y cuidada capilla y sus velas encendidas. Subimos a la cima de la colina con la única compañía de las cabras, que creo que ya nos temen por nuestra afición al "katsiki". Por la noche dormimos plácidamente en esa balsa de mar y nos despierta una maravillosa salida del sol.

Salida del sol en Maratzos

Surge la luna roja tras el perfil de Lipsi
para escalar el cielo en el que reina Júpiter, 
y Escorpio los contempla al sur del horizonte. 
Va girando el Zodiaco 
hasta que Helios retorna y apaga las estrellas. 
Una noche en Maratzos. 


12 de junio: Zarpamos de Maratzos rumbo a Agazonisi, otra pequeña isla con dos pueblos en lo alto, "micró" y "megalo joríó" (pueblo pequeño y pueblo grande). Todo sea por la comparación, porque entre los dos no llegan al centenar de vecinos. Junto al mar, unas cuantas tabernas, domatias, y un pequeño muelle. Otro ejemplo que conserva el encanto que perdieron nuestros pueblos costeros.


Agazonisi
un puerto en la bahía
y dos poblados.
Isla minúscula
alejada del mundo
que aún no la tienta.

En la montaña
el micró y el megalo,
ni tanto monta...
ni monta tanto…
pequeños caseríos,
cisternas blancas.

La playa, el muelle
unas cuantas domatias,
y sus tabernas. 
Ese es el puerto 
donde quizás fondee 
mi vida errante.



El puerto de Agazonisi


Por la tarde, recorro caminando los dos pueblos y la campiña isleña en una singladura de tierra con Peppe y Tiziana. Sorprende comprobar la cantidad de cisternas y sus pequeñas cuencas de recepción empedradas que hay en esta isla, todas ellas muy cuidadas y reflejo de lo importante que era, y es, el agua potable cuando hay tanta agua alrededor.


Una cisterna en Agazonisi


13 de junio: Pasamos la mañana en una solitaria cala del sur de Agatonisi y después de comer tomamos rumbo de Pitagorio, puerto del sur de Samos que será nuestro destino final. El viento crece y nos permite navegar de bolina sin bordos. Al este Turquía y al frente se va perfilando la costa de Samos.

Ceñir el viento
robándole su fuerza,
que el patrón doma.



A media tarde atracamos en la marina de Pitagorio y nos vamos a tomar unas cervezas y cenar al cercano pueblo, que es un destino turístico sin demasiado interés, sobre todo después de lo que hemos recorridos estos días.


14 de junio de 2017: Recogemos el equipaje y nos despedimos de Pepe y Tiziana, magníficos navegantes y personas, y de su velero Zéfiro. Luego hacemos una última comida griega en Pitagorio y tomamos el avión hacia Atenas, después nuestros rumbos divergen pero volverán a converger.



Todo el equipo cenando en Lipsi


Ha sido un viaje para recordar en que hemos podido disfrutar del mar, de playas y lugares fuera de toda ruta turística y de la buena compañía. Gracias Lluís, Josep y Miquel, dicen que de un viaje en velero se refuerzan o destruyen las amistades, la nuestra por descontado que se ha reforzado. Y gracias también a Pepe y Tiziana, por habernos guiados tan bien por los machadianos caminos de la mar.


Caminante no hay camino
sino estelas en la mar...

4 comentarios:

Unknown dijo...

Me ha gustado mucho la narración de esta aventura , todo un viaje por los sentidos...
Un abrazo

Jesus Pardo dijo...

Enhorabuena a toda la tripulación y en especial a Ricardo por su excelente organización.
Me quedo con todo ... : singladuras , visitas y almuerzos ...Y muy especialmente amaneceres y ocasos en la mar ....excepto el dormir a bordo . El bamboleo , por suave y armonioso que sea y que ignoro cuando velo, me incomoda el sueño en la inconsciencia.
Vivir , compartir, gin-toniquear y soñar a bordo ...pero yacer en catre firme no oscilante.
Ambición dificil , lo sé.
Felicidades también por este excelente resumen poético y fotográfico .

juan muñoz dijo...

Envidia, es la palabra.
Un viaje en velero como este es el sueño frustrado de mi vida llevo más de 30 cruceros pero no es lo mismo. Felicidades

JOSEP GONZALEZ dijo...

Como afortunado de haber podido compartir este maravillosa experiencia, el relato de la misma es magistral como se podía esperar de un maestro de la palabra y gran amigo.
Josep